Por Carolina Ahumada Marín ,basada en un historia real
Sebastián me salvó del miedo, de lo impredecible. Una tarde pedaleando junto a Sebastián por las calles de Bellavista, una bestia de acero motor y cuatro ruedas embiste contra mi compañera de rutas, mi bicicleta. Caí fuerte al pavimento perdiendo la conciencia un par de segundos con mis pies desnudos que describían ríos de sangre en mi blanca piel… fue entonces cuando sebastian aulló, lamió las heridas de mis pies, arrastró mi cuerpo hacia la acera tomando con su hocico mi camisa.. luego se acostó a mi lado , se metió entre mi brazos y su cabecita quedo cocida a la mía tanto así que ambos nos oíamos el sonido de nuestra respiración. Luego llegó la ambulancia y el fiel perro nos siguió desde Bellavista hasta el Hospital San José. Estuve 3 horas en hospital y me arranqué. No tenía lesiones. Entonces salgo y veo afuera de urgencias a Sebastian sentado, me estaba esperando. Yo no tenía nada, no dinero ni celular sólo ropa roída y manchas de sangre.”Vámonos Sebastián. dije”… y nos fuimos caminando las infinitas cuadras que nos separaba del Hospital al barrio
Santiago de Chile. 09 julio 2016.-
“Yo amo a ese perro, es mi declaración nocturna, amo cada centímetro de su piel de terciopelo y aroma de pasto fresco que espera mi paso firme en sus laderas como una forma de envolver mi humanidad a su figura animal que no presenta ni defectos ni maldad, solo bondad, y con esa sentencia sublime , me siento en tu piel de perro ,de animal absoluto, de emperador de las veredas y contador de estrellas ,desde las vacías noches en que tu pata firme recorre el cielo que te abre el mapa de vida que sólo sabes reconocer de en vigilia
Soy infinitamente feliz por albergar en mi corazón sentimientos para un perro, para uno de la calle, que no conoce cariño constante y que debe enteramente sobrevivirse a su soledad en las avenidas de la ciudad de los gritos, ésas que le entregan el don de la libertad pero también las lóbregas miserias que hay que vivir día a día con su andar infinito, es como si las calles fueran calmo mar que se atraviesa flotando bajo la bruma callejera, tejiendo una voz ausente de un cariño que nunca llega. Pero no solo te sobrevives como animal doméstico, sino que te levantas como un ángel protector, porque cuando caí al frío pavimento con el cuerpo roto y el alma asustada, tu corriste hacia mí, y te arrullaste bajo mi brazo con tu cabeza absoluta en mi pecho, ahí te quedaste inmóvil envolviendo mi adolorido cuerpo , lamiendo a mis heridas, espantando al intruso que quería acercarse a mí.
Ahora que eres parte de mi vida ( y lo serás para siempre) juntos andaremos por el mejor camino para ti, como una promesa absoluta yo buscaré en los árboles con pajarillos, en los paraísos pletóricos de amor, en la danza de las gaviotas desde el cielo, a los mares, a los relámpagos fugaces, un lugar para ti, para tus huesos de perro viejo y tu alma de ángel sublime, un ángel de cuatro patas y cola, que hizo de la calle su hogar y su familia hasta que el universo travieso y noble lo puso ante mí, para coronarte rey de las buenas acciones y del amor.