Denuncian maltrato en vehículos de tracción animal en peregrinación a Lo Vásquez | PrensAnimalista

Señora directora:

Resido en la zona de Curacaví, junto a la Ruta 68. Año a año soy testigo pasivo de la peregrinación a Lo Vásquez por miles de santiaguinos quienes ofrecen un impresionante testimonio de su fé, hecho que lamentablemente no significa más que una molestia obligada de algunas horas para los que transitamos por allí cada con rapidez y comodidad que nunca parecen suficientes.

No es posible dejar de impresionarse al  ver, bajo el sol inclemente del verano, a hombres y mujeres de todas las edades marchando la mayoría a pié, unos pocos en bicicleta y en menor número otros  sobre sus cabalgaduras .

Se dice, aunque no me consta, que entre ellos se mezclan algunos con motivaciones distintas a la fé quienes causan algunas tropelías. Pero lo observable es que durante los últimos años ha mejorado mucho la seguridad debido a los enormes recursos aplicados por Carabineros, como también  la asistencia de distinta naturaleza que les brinda la concesionaria de la carretera. No deja de llamar la atención observar entre los participantes incluso a jóvenes mujeres  solas marchando rodeadas de la actitud respetuosa de quienes van cerca, una actitud que podría verse casi como protectora.

A diferencia de años anteriores, toda esta percepción tan edificante, se ve empañada porque al final del día 8, de regreso a la capital, ya en horas de la noche, me encontré sorpresivamente con un par de docenas de vehículos de tracción animal desprovistos de luces y  en el plena carretera circunstancias que no pudo pasar desapercibida para los policías apostados al borde de ella. Espantado de todas maneras, advertí  a personal de la concesionaria apostado a la entrada del tunel Lo Prado, unos 15 km más adelante quienes aparte de un breve agradecimiento en lugar de una esperada alarma generalizada  tuvieron una lacónica explicación respecto a no sólo sabían del hecho sino que los estaban esperando para ayudarles a cruzar el túnel !

Creo que huelgan mayores comentarios respecto a lo anterior y espero que la festividad no haya terminado en alguna tragedia caminera. Pero lo que definitivamente me descompuo fué ver a caballares, en su mayor parte uno solo, arrastrando todo tipo de carruajes, en los cuales se amontonaban un montón de peregrinos, a más de sus abundantes pertenencias y vituallas. La verdad es que al ver la torpeza de sus pasos no quedaba duda de que estaba completamente extenuados. Y no era para menos si se considera que tales animales habían arrastrado un carruaje por unos 80 km, en cada sentido, en cuyo recorrido se incluyen dos desafiantes cuestas donde el esfuerzo requerido para superarlas lo habrá podido constatar aunque sea indirectamente cualquiera observando a cualquier vehículo motorizado en esas condiciones.

Lo si que no resulta tan comprensible es que se acepte y hasta que  se estimule la concurrencia en vehículos de tracción animal desde grandes distancias. Parece cierto que en el campo existe una especie de simbiósis hombre-animal tal que trasciende el aspecto utilitario y se proyecta a la  participación conjunta en diversas manifestaciones de fervor religioso locales o en  algunos lugares razonablemente cercanos, por ejemplo la fiesta de Cuasimodo donde participan cientos de jinetes. Pero aún mirado así, no es el caso de los  inmisericordemente explotados animales de las ciudades.

Tampoco debiera requerir mayor explicación que aquel que se sienta llamado a demostrar su fé o su gratitud hacia las figuras religiosas debe apoyarse en su propio sacrificio y no endosárselo a su animal de tiro. Considero una responsabilidad de los organizadores hacérselo comprender, como el refuerzo de los encargados de aplicar las leyes de protección al maltrato animal.

Hermes Aguilar Z, Curacaví 20 noviembre 2011.

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